miércoles, 27 de septiembre de 2017

Home


A esa Luz que brilla fija en mi firmamento 
y me muestra siempre el camino a casa... 



Aún tenía las marcas de tu orgasmo entre las pestañas
Y resto de carmín entre los pliegues de tus recovecos.
La purpurina estaba esparcida por todos los rincones
Y las campanas seguían replicando en los templos de nuestros dioses.

Tú eras mi luz y mi cruz.
Mi resurrección y mi penitencia.
Yo era tu diosa y tu musa.
Tu ascensión y tu ángel caído.
Ardíamos en nuestro propio paraíso.
Sin manzanas, ni serpientes.
Sin frutos prohibidos.
Nos permitimos de todo, hasta soñar.
Cubiertos con el sol de primavera,
pronosticando noches calurosas.

Pero alguien dijo que era ilegal ,
que no podíamos volar en esa dirección,
que no era lo correcto.
Entonces abrieron la tierra,
y pusieron un océano entre medias,
y cortaron todos los aeropuertos,
y se pararon nuestros cuerpos.
Y sentimos que nos quitaban el aire,
que una mano invisible nos oprimía el alma queriendo estallarnos en mil pedazos....

Aún así, no dejamos que nos apartaran...

Conseguimos abrir nuestras mentes
y nos colgamos en los cráteres de la Luna,
hicimos etéreos nuestros sexos
y materializamos nuestros labios,
el mío sobre el tuyo,
y viceversa.
Y entremezclamos nuestras almas.
Y quedamos así fundidos en un espacio solo nuestro,
en un tiempo eterno...

Por mucho que quieran separar nuestros cuerpos,
nuestras alas vuelan libres.
Fundidas en una sola estrella.
Hasta el final de los tempos
Siempre.

No hay comentarios:

Publicar un comentario