Cuando seas mayor, serás independiente.
Cuando tengas tu propio dinero para vivir.
Cuando vivas en tu propia casa... o no?
La independencia no es calmarse el amor propio contra las sábanas.
No es llenar el vacío del pecho con la basura sin sacar que rebosa el televisor.
No es irse de crucero por las redes sociales distrayendo los ojos con mundos de plástico.
La independencia es atreverse a asumir el dolor propio,
a sentirlo en el alma junto al miedo, y aún así sonreír mirando a los ojos.
Y arriesgarse a vivir.
Y tocar a los demás.
Y saber que puede que algunas de esas sonrisas sean sólo etílicas,
y muchos de esos abrazos estén intentando sacar provecho de tus derrotas ,
y unas cuantas de esas lenguas quieran inyectar el veneno en tu latir.
Pero habrá al menos, una sonrisa, que sea consciente del valor de tu tintineante luz,
encontrarás algún abrazo de esos que pegue tus pedazos rotos,
bastará con una lengua sincera que simplemente quiera compartir su calor,
y su soledad, contigo.
Y por todo eso,
merece la pena
arriesgarse a sufrir.
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