miércoles, 12 de diciembre de 2018

Lonliness


La soledad es complicada de llevar... 
Nos han enseñado que es mala, 
en vez de necesaria 
y eso nos hace aferrarnos a cualquier ilusión. 
Un clavo ardiendo siempre quema más que el silencio, 
pero desgarra menos el alma que el sentirse no querido.
Cuando los que no nos queremos somos nosotros mismos... y dejamos que un espejismo nos deslumbre.
La única persona que siempre estará a tu lado eres tú misma, 
aprende a disfrutar del tiempo a solas contigo 
y rodéate solo de quienes recomendarías a tus seres queridos. 
Quiérete, sobre todas las cosas. 
Deséate lo mejor. 
Sé tu mejor amiga.

Y cuando Soledad sea la única que te acompaña, 
disfruta con ella, 
en algún momento se irá 
y puede que la eches de menos.

miércoles, 19 de septiembre de 2018

Emociones de un vuelo



Aquí estamos, quitándonos los temores. Nada mejor que sacudirse el polvo y seguir gateando.
Aún vamos con tensión, apartando pensamientos desagradables a golpe de guitarra, con prisas y con ansiedades.
Todavía duelen los recuerdos del último golpe, la cicatriz está cerrada, pero quedan restos de sangre que limpiar.
Y miedo, sobretodo, queda miedo, bajo despojos de ilusiones rotas y lágrimas mal contenidas.
Aunque nada mejor que el agua del mar para limpiarla.
Ese inmenso mar que nos separa y nos une al mismo tiempo. 
Esa sal que nos escuece y nos cura con paciencia. 
Esa arena que nos incomoda y nos relaja las pisadas del camino.

Y entonces nos elevamos y volamos.
Volamos y dejamos nuestros miedos ahí abajo.
Volamos y sentimos esa conexión con nuestro hilo rojo personal.
Volamos y volvemos a empezar, a creer, a soñar. 
Ahí es cuando volvemos a coger las riendas, acariciamos el unicornio por el cuerno y escalamos hacia el arcoíris.
Porque más allá de las tormentas eléctricas y de las cumbres borrascosas, justo donde las aguilas vuelan para protegerse del vendaval, 
siempre, siempre, siempre, 
encontrarás el Sol. 
Y los sueños e ilusiones. 
Intactos, 
esperándote para que los retomes, 
para que los alcances y los renueves. 
Para que el polvo lo conviertas en purpurina, 
las lágrimas en gotas de mar, 
y poder probar una vez más 
que la cicatriz no es más 
que una muestra 
de lo bello 

que es vivir.

🦋🦋🦋

martes, 14 de agosto de 2018

Pañuelos verdes 💚


Yo tuve la oportunidad de abortar, y no lo hice. 
Fue mi decisión. 
Pude elegir. 
No tuve que arriesgarme a morir en un cuchitril, ni a cargar bebé no deseado al cual vería como una carga por el resto de su vida. 
No tuve que mirar la cara de un violador en carne de mis entrañas. 
No tuve que soportar el repudio o las burlas y los insultos de mis familiares y amistades. 
Pude elegir. 
Hoy en día puedo elegir comprar anticonceptivos para evitar embarazos no deseados. 
Y si me quedara embarazada, abortaría. 
O no. 
Porque es mi decisión. 
Es mi cuerpo. 
Es mi derecho. 
Porque debería ser el derecho de todas las mujeres, en cualquier lugar del mundo, bajo cualquier circunstancia. No debería ser un lucro para clínicas privadas, ni un riesgo para mujeres sin recursos, o una desgracia para niñas asustadas.
Yo no he tenido que abortar nunca. 
No creo que sea la opción agradable para nadie, pero, en vez de criticar, respetemos la situación de cada persona, en cada momento, de cada mujer, de cada adolescente, de cada niña.
Tampoco me gustaría quedarme embarazada de nuevo, ni traer una vida más a este mundo, ni tener la responsabilidad de otra criatura.
Y si decidiera abortar, espero que mis seres queridos me apoyen, les parezca mal o bien. Espero poder hacerlo en un centro de salud pública donde cuiden de mí, de que yo no sufra ningún daño físico, ni emocional. Espero que no se juzgue mi decisión. Ni se me condene.
Y, sobretodo, espero que esto pueda ser así para todas las que decidan abortar.
No estoy a favor del aborto, estoy a favor de que se legalice, de que sea una opción segura y gratuita. 

Como debería ser la sanidad, en cualquier país del mundo, para todo el mundo.

miércoles, 8 de agosto de 2018

Oasis 🏝

Y de repente empieza a llover,
después de cruzar el árido desierto,
después de llevar tanto polvo arrastrado,
después de revolcarse por las espinas.
Aparece un rayo de esperanza,
un cúmulo de nubarrones unidos,
abriendo paso a esa bendita lluvia.

Y, de repente, empieza a caer,
refrescando cada poro de la maltratada piel,
refrescando la garganta reseca de gritar,
refrescando el espíritu ardiendo en soledad.
Entonces,
cierras los ojos,
mirando hacia el cielo,
y dejas que te lave las heridas al caer.

Dejas que te desinfecte el alma,
dejas que se lleve el pesar,
el hastío, las desilusiones,
y vaya limpiando tanta suciedad
adherida por el camino.

Dejas que se llenen los resquicios resecos,
dejas que se inunden los desiertos,
con verde, con vida,
con risas, con besos,
con esa dulce melodía
que va trinando al pasar.

Y de repente,
después
de refrescarte
dejas
que la Luz te guíe
por la tormenta.

jueves, 5 de julio de 2018

Desafíos



Aquí sigo,
Sigo cansada.
Cansada de luchar
Cansada de ver el destello al final del túnel sin llegar a la Luz.
Cansada de rozar con los dedos mis sueños, 
de que siempre falte un poco más, 
y esté cansada para dar ese paso extra.
Aún así, 
aquí sigo.
A gatas, 
a rastras, 
a trompicones.
Con lágrimas, 
sin fuerza para darme por vencida,
sin fuerzas para darme por derrotada,
he llegado demasiado lejos, 
he empeñado demasiada vida
como para dejarlo ahora a medias.
Sí, 
nos está costando la vida vivirla
pero no voy a volver a enterrarme antes de tiempo.
No puedo crecer sin su calor
aunque me queme las alas.
Derretiré mis hielos 
con las hogueras donde se queman mis inciensos.
Me refugiaré en los brazos de Morfeo
para amanecer como un ave fénix,
llena de polvo,
entre cenizas de un pasado gris,
que resaltan mis colores,
una vez más,
me sacudiré los escombros de las batallas libradas,
y respiraré el aroma de las flores que brotan a los lados de mis caminos.
Con miedos.
Con dudas.
Pero siempre hacia adelante.
Resurgiendo.
De nuevo.
Cada amanecer.


domingo, 20 de mayo de 2018

El reto de VIVIR

Vive la vida,
nos dicen.
Disfruta de los momentos maravillosos que aparecen en el camino,
insisten.
Lo único real es el presente,
hemos llegado a oír.
Pero entonces 
creemos que debemos estar haciendo cosas constantemente.
Ir al cine, 
al teatro, 
al campo, 
a otra ciudad.
No podemos detenernos para disfrutar.
Debemos ir de compras, 
o de copas, 
ir a la playa, 
o a merendar.
Y lo hacemos, 
obligados por esa oleada de opciones con las que nos bombardean.
Y quién se queda en su casa es lo peor, 
lo más aburrido, 
quién más desperdicia su vida.
Entonces es cuando llenamos nuestras redes sociales de fotografías falsas, para hacer creer al mundo que nuestra agenda está llena, a rebosar, de planes increíbles... y nos limitamos a ahogarnos por el mar de la red.

Vive la vida,
y disfrútala.
Buscando también momentos de calma y soledad,
soledad real, 
buscada, 
necesaria...
para estar con una misma,
para sentir tu cuerpo,
para escuchar tus gritos en la oscuridad del asfalto.
Vive la vida,
y disfrútala.
Incluso cuando lo único que hagas sea estar tumbada,
escuchando el latido de tu alma,
sin salir de tu casa, 
en pleno centro y sin jardín, 
viendo como la luz poco a poco se debilita al entrar por la ventana hasta que da paso a la noche.

Hemos despreciado el retiro espiritual,
el silencio con tu propio yo,
el reposo mental y físico.
Eso solo es de vagos,
o de aburridos,
o de insociables.
Pero las fotos falsas,
las sonrisas con filtro,
y las actividades, 
cuanto más agobiantes y numerosas, mejor.
Aunque eso, 
siento destrozar el mito,
no es disfrutar de la vida.
Cuando realmente disfrutas,
te olvidas de la foto, 
porque lo tienes
todo
retenido,
para toda la eternidad,
en el disco duro de tu alma.

sábado, 12 de mayo de 2018

TRISTEZA



Eso es lo que siento instalado en mi ser, 
una opresión en un lugar entre el pecho y la garganta, 
entre mi corazón y las ganas de gritar. 
Y de llorar. 
De dolor, y de rabia. 
De sueños futuros y frustrados. 
De solo soñar sin materializar al despertar. 
Y esa opresión impide que mi energía fluya, hace que me duela el cuerpo... y el alma.
Y lloro para romper esa madeja de nudos y limpiar mi espíritu. 
Aunque preferiría dormir, y no dejar de vivir en mi sueño.
Entonces vuelvo a sentir tristeza.
Tristeza
de ver cómo mi hijo está tirando su adolescencia y juventud, destrozando su salud física y mental, y no quiere ser ayudado.
Tristeza 
de recordar cada vez cómo yo desaproveché la mía jugando a ser mayor y creyéndome todo poderosa siendo tan insegura.
Tristeza 
de ver cómo seres que estaban a mi lado, apoyándome y dándome cariño incondicional, van desapareciendo.
Tristeza 
de ver cómo el tiempo va pasando y tú sigues tan lejos.
Tristeza 
de ver cómo sigo en el mismo lugar dónde comencé hace muchos años ya, dónde me siento atrapada por una mezcla de obligación y comodidad, con pinceladas de gratitud.
Tristeza de saber dónde debería estar.
Tristeza de saber que aún no puede ser.

Tristeza al preguntarme si algún día será. 
Tristeza 
perdiendo 
la ilusión 
de ser.