miércoles, 19 de septiembre de 2018

Emociones de un vuelo



Aquí estamos, quitándonos los temores. Nada mejor que sacudirse el polvo y seguir gateando.
Aún vamos con tensión, apartando pensamientos desagradables a golpe de guitarra, con prisas y con ansiedades.
Todavía duelen los recuerdos del último golpe, la cicatriz está cerrada, pero quedan restos de sangre que limpiar.
Y miedo, sobretodo, queda miedo, bajo despojos de ilusiones rotas y lágrimas mal contenidas.
Aunque nada mejor que el agua del mar para limpiarla.
Ese inmenso mar que nos separa y nos une al mismo tiempo. 
Esa sal que nos escuece y nos cura con paciencia. 
Esa arena que nos incomoda y nos relaja las pisadas del camino.

Y entonces nos elevamos y volamos.
Volamos y dejamos nuestros miedos ahí abajo.
Volamos y sentimos esa conexión con nuestro hilo rojo personal.
Volamos y volvemos a empezar, a creer, a soñar. 
Ahí es cuando volvemos a coger las riendas, acariciamos el unicornio por el cuerno y escalamos hacia el arcoíris.
Porque más allá de las tormentas eléctricas y de las cumbres borrascosas, justo donde las aguilas vuelan para protegerse del vendaval, 
siempre, siempre, siempre, 
encontrarás el Sol. 
Y los sueños e ilusiones. 
Intactos, 
esperándote para que los retomes, 
para que los alcances y los renueves. 
Para que el polvo lo conviertas en purpurina, 
las lágrimas en gotas de mar, 
y poder probar una vez más 
que la cicatriz no es más 
que una muestra 
de lo bello 

que es vivir.

🦋🦋🦋